Estas magdalenas son una autentica pasada, las vi ayer en Whole kitchen y me fui
directamente a la cocina a prepararlas, tenía todo lo necesario, únicamente he
sustituido el aceite de girasol por aceite de oliva virgen extra, nunca utilizo
ese aceite por cuestiones de alergia, mi
hija Marta no puede comer nada que lleve girasol o pipas.
He de deciros que el secreto para conseguir estas magdalenas
tan altas y esponjosas radica en el batido de los ingredientes, sobre todo de
los huevos y el azúcar, la masa debe coger mucho aire para conseguir este
espectacular copete. Salvo este detalle importante, no conllevan complicación
alguna, también confieso que para realizar este batido y conseguir una masa tan
aireada he tenido la incomparable ayuda
de mi queridísima kitchenAid, ¡bendita
seas! , cada día estoy más contenta de
habérmela comprado.
INGREDIENTES:
260 g de huevos (son unos 5 huevos)
260 g de azúcar
Ralladura de 1 limón
100 gr de leche evaporada Ideal
260 g de aceite de oliva virgen extra Framoliva
15 g de levadura de repostería
360 g de harina
PREPARACIÓN:
En kitchenAid: poner los huevos y el azúcar en el bol y batir con el accesorio de varillas a
velocidad media durante 15 minutos, la masa tiene que verse muy esponjosa y
duplicar su volumen, a mitad del batido añadimos la ralladura de limón.
A continuación añadimos los líquidos, la nata y el aceite,
seguimos batiendo para conseguir una masa cremosa y homogénea. Finalmente
incorporamos la harina y levadura, seguimos batiendo hasta que se integre
totalmente. Dejamos la masa descansar 5
minutos y aprovechamos para poner las capsulas de papel en un molde para
muffins o flaneras.
Con esta cantidad de masa he llenado un molde de 12 más dos
flaneras, 14 hermosas magdalenas han salido.
Rellenamos las capsulas hasta un tercio de la misma y
espolvoreamos con abundante azúcar.
El horno lo habremos calentado a 230º, cuando metemos las
magdalenas lo bajamos a 210º y horneamos en la parte baja del horno 15-20
minutos, yo concretamente 20 minutos.
Dejamos enfriar y listas, en mi casa no pudimos esperar a
que estuvieran totalmente frías, su aspecto era tan tentador y el sabor tan
rico, como las de pueblo, saborcito a aceite y limón y más ligeras con leche
evaporada que con nata.






































